"Para aprender de lo que salió bien, debemos analizar lo que salió mal": cómo abordar y recuperarse del impacto de la COVID-19

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45° período de Sesiones del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas
Actualización oral sobre el impacto de la pandemia de COVID-19 en los derechos humanos
Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidos para los Derechos Humanos
14 de septiembre 2020 

Señora Presidenta, Excelencias,

Esta es una valiosa oportunidad para discutir con nuestros distinguidos participantes cómo las políticas basadas en los derechos humanos pueden ayudar a moldear el impacto de esta pandemia, haciendo un balance de algunas de las buenas prácticas que han demostrado su eficacia hasta la fecha.

El mundo rara vez ha experimentado un impacto global simultáneo tan complejo como la COVID-19. Ningún país se ha salvado; sin embargo, las consecuencias médicas, sociales y económicas de la pandemia varían ampliamente. Estoy convencida de que para los países de toda la escala económica las políticas basadas en los derechos humanos pueden ayudar a que estos impactos pasen de ser devastadores a ser manejables, y contribuir a una recuperación con mejor protección y mayor resiliencia.

Aunque la  COVID-19 continúa propagándose, los acuerdos de licencia temporal y otras medidas de apoyo a los ingresos están llegando a su fin en varios Estados, mientras luchan por reabrir escuelas, programas de capacitación y sectores enteros de la economía. Pero mientras algunos países parecen estar saliendo de al menos la primera etapa de la pandemia, listos para comenzar a reconstruirse, otros se han visto mucho más afectados -  y sus posibilidades de recuperación no son las mismas. Algunos están viviendo algo similar a una segunda ola.

Varios Estados pudieron contar con sistemas adaptables basados ​​en los derechos humanos para servicios clave como la atención médica y la protección social. No puedo exagerar la importancia de estos sistemas preexistentes para la realización de los derechos fundamentales, protegiendo a las personas de los peores impactos de las crisis temporales; y ayudándoles a ponerse de pie nuevamente.

 

Para aprender de lo que salió bien, debemos analizar qué salió mal. La crisis multifacética actual ha desenmascarado el fuerte vínculo entre raza, etnia, nivel socioeconómico y el estado de la salud. Las desigualdades preexistentes deben contextualizarse dentro de los espacios históricos, políticos, sociales y económicos, y deben abordarse de manera efectiva para reconstruir mejor, con igualdad y calidad.

 

En el contexto actual, la protección social representa una herramienta fundamental para facilitar el acceso a la atención en salud, proteger a las personas contra la pobreza y garantizar que se hagan efectivos los derechos económicos y sociales básicos. En 2017, la OIT mostró que un esquema de protección social universal que incluya subsidios para la niñez; prestaciones de maternidad para todas las mujeres con recién nacidos; beneficios para todas las personas con discapacidades graves; y pensiones universales de vejez costarán en promedio el 1,6 por ciento del PIB de un país en desarrollo. Los hechos son claros y hay vidas en juego, en todas partes. Se debe alentar y ayudar a los Estados a proporcionar sistemas universales que brinden atención médica y protección social de calidad para todas las personas.

Se puede ampliar la cooperación y el apoyo internacional para facilitar la expansión del margen fiscal para los Estados, mediante la ampliación de paquetes de estímulo para salvar vidas y medios de subsistencia. Se trata de crear capacidad a nivel nacional para que los países puedan reconstruir, financiando sus sistemas de protección social y de salud con fondos públicos. Este margen fiscal puede ampliarse aún más aplicando impuestos progresivos y descartando  las políticas de austeridad y la privatización de los servicios públicos.

Señora presidenta,

Incluso en las primeras semanas de una crisis muy compleja, peligrosa y de rápida evolución, muchos responsables de la toma de decisiones optaron por guiarse por los principios de derechos humanos. Ampliaron el acceso a la atención médica para personas previamente excluidas, ya sea por costo, estatus migratorio u otros factores. Tomaron medidas para proteger a las personas mayores y a otras personas en instituciones de atención a largo plazo. Brindaron un apoyo económico inmediato y efectivo a las personas cuyos trabajos estaban amenazados; suministros de alimentos de emergencia; alojamiento temporal para personas sin hogar; y protección contra el desalojo, así como moratorias en algunos pagos de hipotecas.

Adoptaron alternativas a la privación de libertad; otorgaron estatus de asentado temporal a solicitantes de asilo; brindaron asistencia médica a través de tecnologías telemédicas a pueblos indígenas en áreas remotas; implementaron programas de apoyo comunitario; improvisaron escuelas en Zoom; y distribuyeron gratuitamente mascarillas, jabón y guantes.

Todas estas eran políticas basadas en los derechos humanos - aunque muchas medidas podrían y deberían haberse centrado mucho más en las personas más vulnerables y marginadas.

Las mujeres, por ejemplo, se ven gravemente afectadas. A principios de este mes, un estudio de ONU MUJERES y el PNUD estimó que para 2021, alrededor de 435 millones de mujeres y niñas vivirán con menos de 1,90 dólares al día – incluyendo a  47 millones que han sido empujadas a la pobreza por la COVID-19. Según el informe, las diferencias en la vulnerabilidad a las consecuencias socioeconómicas de la pandemia podrían significar que el próximo año habrá 118 mujeres en situación de pobreza por cada 100 hombres. El fuerte aumento de la violencia doméstica que se ha reportado en todas las regiones también es profundamente alarmante.

Excelencias,

Ningún país se ha librado de los golpes de esta pandemia. Y como ha señalado el Secretario General, "en un momento en que necesitamos desesperadamente dar un salto adelante, la COVID-19 podría hacernos retroceder años, e incluso décadas”.

Hay una enorme variedad de trabajo por delante, y gran parte de él se basará en la solidaridad y la cooperación mundial. Todos compartimos el interés de garantizar que todas las personas tengan acceso a una vacuna segura y asequible, cobertura sanitaria universal, protección social y otros derechos fundamentales.

Hasta la fecha, algunos Estados han demostrado una profunda desconfianza en su pueblo - reprimiendo las críticas, limitando la libertad de información y tomando medidas enérgicas contra el espacio cívico. Estas y otras violaciones de los derechos humanos, han socavado la salud pública, así como los derechos humanos y la posibilidad de una recuperación sólida y sostenible.

Sin embargo, los líderes de Estados y comunidades con una visión a futuro, han tratado de preservar los derechos y el futuro de sus pueblos. Han informado y empoderado a las personas y les han ayudado a superar esta crisis.

Como hemos aprendido de la experiencia de muchas otras epidemias virales, desde el VIH hasta el zika y el ébola, estas medidas para apoyar y promover los derechos humanos hacen que las políticas de salud pública sean mucho más eficaces. También son los impulsores más poderosos de la paz, la seguridad, la estabilidad social, el medio ambiente saludable y la continuación del desarrollo sostenible.

Gracias.